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Datos y propiedades de el Agua Termal en  Termas de Uruguay

Los baños termales tienen como origen un manantial por el que brota agua caliente durante todo el año y cuya temperatura es bastante superior a la atmosférica por provenir del subsuelo. Estas aguas contienen diversas sustancias minerales y desde siglos inmemorables se les atribuyen propiedades medicinales.

Es irrefutable es el valor terapéutico que los baños termales ofrecen para descansar en un lugar tranquilo y huir de la fatiga mental y física.

Las aguas termales son uno de esos mecanismos naturales que ha encontrado el hombre para reencontrar su equilibrio con la naturaleza, pues la mayoría de los trastornos que padece se deben a que ignora las leyes de la misma. Los centros de baños termales no son una novedad, ya que son ampliamente conocidos en Europa desde el siglo x e incluso desde los tiempos romanos, cuando el hombre comenzó a buscar su equilibrio en el mundo a través de elementos como el aire, el agua, la tierra y las plantas.
Los baños termales son tratamientos que se emplean para ayudar a las personas a superar dolencias.

Los beneficios de los baños termales están relacionados con el alto contenido de minerales disueltos en las aguas sulfurosas, los barros que las acompañan y el aspecto termal. Este último puede ser aprovechado a través de las fumarolas, pues proporcionan excelentes baños de vapor, además de las piscinas de inmersión.
Los mayores beneficios se logran cuando se combina la terapia de calor en los pozos junto a baños fríos, porque de esta manera el cuerpo hace lo que se conoce como gimnasia vascular, debido a que el calor dilata los vasos sanguíneos y el frío los contrae. Además, este proceso permite la depuración del organismo, dado que se desechan toxinas.

Muchas personas con enfermedades de características inflamatorias se ven beneficiadas por las aguas termales, debido al proceso de depuración del organismo que se logra con esas terapias.
Todo proceso inflamatorio (como la artritis y la bursitis) genera calor interno, razón por la cual los barros termales aplicados sobre las zonas afectadas actúan como unos "succionadores" del calor que alivian el dolor. En cuanto a las dolencias de tipo muscular, las aguas termales disminuyen la rigidez y hacen más fácil la movilización del paciente, para evitar las atrofias musculares. Es más, el esfuerzo de mover el cuerpo en contra de la resistencia del agua ya es un ejercicio en sí mismo, que sin el recurso de flotar en las aguas termales requiere de un fisioterapeuta que ayude al paciente a mover su cuerpo.
 

Del lado de las contraindicaciones para el uso de las aguas termales, es importante evaluar al paciente con la finalidad de descartar problemas cardiovasculares, pues el calor acelera el ritmo cardíaco. Sin embargo, ante un problema de deficiencia cardiovascular, el médico bien podría sugerir períodos cortos de inmersión, porque en definitiva no se ha demostrado que los baños termales influyan negativamente sobre alguna enfermedad y mucho menos que la encaminen hacia la cronicidad.

Quizá una de las dolencias que más se relacionada con el uso de las aguas termales es el reumatismo. Reumatismo son todas aquellas enfermedades (condicionadas por un factor genético) que afectan al sistema músculo-esquelético y que produce dolor y rigidez en huesos, músculos y articulaciones, hasta llegar al momento de la cronicidad, cuando la enfermedad causa deformidad e incapacidad al paciente.

Las manifestaciones del reumatismo son muy amplias, pues algunas veces ataca a la columna y genera molestias a nivel del cuello, región lumbar y cintura, mientras que en otras oportunidades ataca articulaciones periféricas, como lo son los dedos, codos, hombros, rodillas, tobillos y pies.
A este tipo de dolencias el calor húmedo le ofrece grandes beneficios porque disminuye el dolor y relaja la tensión concentrada en los músculos y las articulaciones. Es por ello que las aguas termales pasan a ser un complemento o terapia paralela de rehabilitación al tratamiento indicado por el reumatólogo.